La confianza es un constructo social que genera esperanza

La confianza es un constructo social que genera esperanza

de Escuela Confiar -
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La confianza es un constructo social que genera esperanza


Escrito por: José García

Abril de 2020


El ser humano vive en un estado de conflicto, conflictos en cada aspecto de su vida, en cada época de su vida, en cada relación que tenga, ya sea consigo mismo, con los otros, con la naturaleza o con un ser superior, cualquiera que sea. Es decir, el conflicto es una condición sine qua non del ser humano para lograr su desarrollo. Al afrontar el conflicto los resultados normalmente dependen del sentido de vida, los cuales pueden ser, entre otros, trágicos o esperanzadores.

Si revisamos la crisis de salud pública generada por el Covid-19, entran en conflictos varios aspectos de cada grupo humano en cada municipio, en cada departamento, en toda la nación. Entran en riesgo todas las situaciones humanas, individuales y colectivas, inclusive situaciones biológicas, las cuales generan una gran incertidumbre sobre el futuro inmediato y a mediano plazo. 

El estado de incertidumbre de la sociedad colombiana está estrechamente vinculado con la crisis de confianza ciudadana. Inclusive, el grado de incertidumbre es inversamente proporcional a la confianza. 

La confianza se expresa en tres ámbitos: uno de ellos es la autoconfianza o, ¿cuánto confío en mí mismo?; otro es ¿qué tanta confianza se logra en las relaciones con los otros?; y por último, las relaciones de credibilidad en las instituciones, públicas y/o privadas, que están presentes en este país. 

En este último ámbito y para el caso colombiano se podría preguntar: ¿el sector cooperativo aporta a esta crisis de confianza?; es un testimonio que va mostrando que sí es posible otra sociedad, otra economía, otro modelo de empresa, porque la confianza tiene un papel decisivo en las relaciones de cooperación y por lo tanto en la construcción colectiva de un futuro promisorio.

confianza

El no confío, en Colombia una realidad desalentadora

Un estudio realizado a inicios de 2019 por USAID y ACDI-VOCA Colombia, con una muestra de 11.966 personas en 41 municipios, identificó el eje de la confianza arrojando los siguientes resultados:

  • El 86% de los encuestados no confía en las instituciones del Estado 
  • El 83% no confía en el sector privado
  • El 84% no confía en los medios de comunicación
  • El 73% no confía en sus vecinos

Las cifras son muy desalentadoras, por lo que hay que reflexionar y tomar decisiones colectivas para que los colombianos transformemos actitudes, individuales y corporativas, para una sana convivencia nacional y un futuro alentador.

Un ser con futuro tiene expectativas de esperanza

El diccionario de la lengua española Espasa-Calpe define la confianza como “esperanza o seguridad firme, que se tiene en algo o en alguien”. Y ese algo o alguien, está inscrito en tres dimensiones: la primera es la personal (autoconfianza o autodesconfianza), la segunda es la relacional con los otros (confiar o no confiar) y la tercera es la relación con las entidades (confiabilidad o no confiabilidad). Estos ámbitos repercuten entre ellos en una forma dinámica para su construcción o deconstrucción. El ámbito base es la autoconfianza, que está estrechamente vinculada con la confianza relacional, con los otros y con las entidades o institucional o con las empresas, tanto públicas como privadas; es decir, que la confianza es una construcción multidimensional (Doney y Cannon, 1997; Ganesan y Hess, 1997; Sánchez, Inista y Sáez, 1999; McKnight, Choudhury y Kacmar, 2000).

En otras palabras, la crisis de confianza ciudadana de los colombianos tiene causas personales, causas en la relación con los otros y causas en la relación de los ciudadanos con las instituciones. Para poder actuar estratégicamente y así superar esta crisis, hay que profundizar un poco y nos apoyamos en Stephen M. R. Covey, estudioso de la confianza, quien plantea que esta tiene una fórmula, en la cual la confianza es la suma del carácter y de la aptitud del ser al que se tiene confianza. Al carácter lo componen la integridad y la intención, es decir, el ámbito de la ética, de los principios que rigen su actuar; la aptitud se relaciona con las capacidades y los resultados del sujeto en quien se confía. Estas combinaciones son las que generan credibilidad o no credibilidad en ese ser. 

¿Cuál es el aporte del Cooperativismo en esta crisis?

Teniendo en cuenta que esta situación que se develó por el Covid-19 profundizó la crisis que se venía teniendo en nuestra nación, se demostró así que la crisis es transversal a los aspectos de la vida, tanto lo individual como lo colectivo, lo económico, social, cultural y político; igualmente se presentan impactos de una manera diferenciada a la naturaleza o el medio ambiente. Además,  este acontecimiento de impacto local y global ha evidenciado la forma de transitar de cada grupo de interés: lo que ha sido, lo que es y lo que seguirá siendo o su razón de ser; como el Estado colombiano, cooptado por la plutocracia; el sector financiero de la banca de capital, que no pierde su carácter oportunista y en esta pandemia se enriquece a costillas del enfermo, doliente y necesitado. Y ¿el cooperativismo qué?, la economía solidaría, ¿cómo está transitando y qué seremos después de esta crucial coyuntura?

Por esencia y su razón de ser del cooperativismo, lo que los asociados/as, sus comunidades y territorios esperan es que aporte esperanza en estos momentos de crisis e incertidumbre. Es decir, si tomamos de la fórmula de la confianza los dos términos implicados y de cada uno de ellos los componentes que lo integran, podemos plantear algún actuar desde el sector cooperativo para la sociedad colombiana en este contexto de crisis profundizada por el Covid-19. 

Por ejemplo, en el primer término se encuentra el componente del carácter del cooperativismo, en él se encuentran estrechamente vinculados los siete principios cooperativos. En este aspecto, la cooperativa se podría hacer la pregunta, en el actuar cotidiano de este momento: ¿Cuánto se está aplicando realmente y en su esencia cada uno de los principios?, que son los que nos darán luces en la crisis. Y al precisar el segundo componente del carácter, correspondiente a la intensión o propósito, se podría hacer la pregunta, en la práctica, ¿cuál está siendo la misión de la cooperativa en estos momentos cruciales? Porque las empresas sin ánimo de lucro, diametralmente opuestas a las empresas que se enriquecen a costa del empobrecimiento o muerte de los clientes internos y externos, estamos centrados en suplir las necesidades y por tanto el bienvivir de asociados/as, sus familias y los territorios donde se tiene presencia.

Sobre el segundo término de la fórmula de la esperanza, que corresponde a las aptitudes de la cooperativa, del cooperativismo, de la economía solidaria, ¿cómo están en estos momentos cruciales sus dos capacidades? La económica y la social. La puesta en escena de estas dos capacidades es lo que nos diferencia de las empresas de capital y ese equilibrio es lo que realmente mostrará resultados en la vida y dignidad de los grupos humanos que impactamos. 

Con base en estos términos se podrá llegar a valorar el grado de confianza o credibilidad que tienen los asociados, asociadas, sus familias y los territorios en la cooperativa, en el cooperativismo, en la economía solidaria, en la empresa sin ánimo de lucro, pero con ánimo social, con ánimo de bienvivir para la sociedad. Ese es el poder que aporta la economía solidaria a esta profunda crisis, alimentando la confiabilidad, la esperanza real en el futuro promisorio de esta sociedad.